miércoles, 25 de febrero de 2009


El Código Da Vinci en su versión en inglés dedica 25 páginas (pp. 236-261) para hablar de María Magdalena: su identidad, su supuesta relación con Jesús (estaría casada con él y habría tenido al menos un hijo), su rol en la iglesia primitiva, etc. Como muy bien apuntan los autores de “El fraude Da Vinci”, para muchos cristianos (incluso católicos) éste es el primer encuentro con María Magdalena, lo que hace comprensible su perplejidad.

Las afirmaciones falsas sobre María Magdalena en “El Código Da Vinci” se pueden sintetizar en cuatro:

1. María Magdalena sería el famoso Santo Grial de las leyendas medievales; de ahí que la famosa búsqueda del Santo Grial no sea la búsqueda del Cáliz usado en la Ultima Cena de Jesús, sino la tumba de María Magdalena.

2. La Iglesia católica lanzó una campaña sucia contra María Magdalena desde tiempos muy tempranos, calumniando su nombre, etiquetándola de prostituta en orden a borrar toda evidencia de su poder; esta campaña ha incluido asesinatos y violencias y sigue en nuestros días.

3. Jesús y María Magdalena estaban casados; este “hecho” según “El Código Da Vinci” ha sido examinado en detalle y explorado interminablemente por historiadores (cf. “El Código Da Vinci” p. 245, p. 249). Por supuesto, no dice ni por quiénes, ni cuándo, ni dónde consta. Jesús y María Magdalena tuvieron hijos; después de la muerte de Jesús, María Magdalena huyó a Francia perseguida por la Iglesia Católica, o sea por Pedro.

4. María Magdalena fue el primer gran apóstol, habría sido de sangre real de la estirpe de Benjamín, etc.

Según Dan Brown, Jesús fue el primer feminista, por eso pensó en María Magdalena como la cabeza de su Iglesia para después de su muerte y no en Pedro. De esta manera se continuaban las costumbres religiosas matriarcales y el culto a las divinidades femeninas del antiguo paganismo. En esto Dan Brown se coloca en la línea de los modernos escritos esotéricos que reivindican la “divinidad” (femenina) de María Magdalena, en particular las novelas de Margaret Starbird y los demás libros citados más arriba.
Algunos medios de comunicación se han hecho eco de esta campaña pro-feminismo radical que quiere poner como modelo de reivindicación a la Magdalena. En diciembre de 2003 un artículo de Newsweek (titulado The Bible’s Lost Stories, “Las historias perdidas de la Biblia”) decía: “para los católicos, María Magdalena ha emergido como un modelo para las mujeres que quieren una presencia mayor en la Iglesia después de la ola de los escándalos por abusos sexuales” (“El fraude Da Vinci”, p. 77 y nota 7).

No vamos a desgastarnos aquí ¬–como sí lo hacen meritoriamente los autores de “El fraude Da Vinci”¬ refutando escriturística e históricamente todas las falsedades sobre la Magdalena y sobre la falsa campaña que la Iglesia habría hecho contra ella (María Magdalena es, de hecho una de las santas más populares y queridas de la Iglesia y, en contra de lo que cree Dan Brown o pretende hacernos creer, en los evangelios se le asignan actuaciones notabilísimas como lo demuestra el hecho de ser uno de los primeros testigos y anunciadores de la resurrección, así como es mencionada con más frecuencia que algunos de los apóstoles, como Judas Tadeo o Bartolomé). Estos autores desvarían mucho más de cuanto puede tolerarlo un estomago sano creando una María Magdalena gnóstica, altamente feminista, pagana, símbolo del culto por la “sacralidad femenina” presente en la literatura gnóstico-moderna (que reivindica, entre otras cosas, los cultos idolátricos del paganismo y el rol de las hechiceras y de las prostitutas sagradas de la antigüedad pagana). De hecho la identificación de María Magdalena con el Santo Grial o Cáliz de la ultima Cena responde a la idea esotérica de que el cáliz –como cavidad– es un símbolo sexual femenino, en contraposición al sexo masculino representado por algún elemento penetrante. En algunos ritos wiccas modernos se introduce un cuchillo en un cáliz como símbolo del acto sexual y de la divinidad masculino-femenina; así pueden leerse libros del estilo de “El Codigo Da Vinci” como “Cuando Dios era Mujer” (When God was a Woman) por Merlin Stone, o “El Cáliz y el Filo: nuestra historia, nuestro futuro” (The Chalice and the Blade: our history, our future) por Riane Eisler.

Todo esto está presente en el interés moderno por la religión wicca, las prácticas de la New Age, el neo-paganismo y el feminismo radical, acompañados de gran animosidad contra la Iglesia católica –percibida como “patriarcal”. Con mucho fruto puede leerse al respecto el libro de Philip G. Davis: “Diosas desenmascaradas: el resurgir de la espiritualidad feminista neo-pagana” . Como dice este autor, no se trata de inocentes divagues o novelas: “los libros de diosas, deberían ser vistos como profesiones de fe, y sus autores como evangelistas neo-paganos” (p.87).
Muchos de estos autores (fuentes de “El Código...”) sostienen que este papel que asignan a María Magdalena está afirmado en los evangelios gnósticos. Además de que, como ha hemos dicho, se trata de escritos ideológicos refutados como tales ya en los primeros siglos de la Iglesia, tampoco es tan así como afirman estos señores. En realidad no hay mas que un par de antiguos textos gnósticos que deben ser leídos con los lentes del feminismo radical y sacados fuera del contexto del pensamiento gnóstico antiguo, para poder interpretarlos de esta manera. Recuérdese que el antiguo gnosticismo despreciaba lo material –incluido el sexo– espiritualizándolo de manera indebida. El neo-gnosticismo, por el contrario, carnaliza lo que el antiguo desencarnaba. De todos modos esto importa muy poco a nuestros autores, para quienes vale todo cuanto sirva a su ideología y se permiten reinterpretar lo que sea necesario para llevar agua a su molino. Así, por ejemplo, resulta curioso que el feminismo radical esté en contra del “matrimonio institucional” (predica el sexo libre) pero hablan del matrimonio de Cristo y de María Magdalena cuando esto les conviene para rebajar la figura de Jesús.

Es también llamativo el disgusto que sienten hacia la Virgen María. “The Templar Revelation” la describe como “no-sexual y remota”; es percibida como débil, sumisa, dócil, como la encarnación de la subordinación. Así Mary Daly (lamentablemente una ex religiosa), feminista radical, describe a la Virgen María como una diosa “domesticada”, sexualmente violada (en su libro titulado sugestivamente “Gin-Ecología”: Gyn-Ecology ). Del mismo tenor Susan Haskins en “María Magdalena: mito y metáfora” (Mary Magdalen: Mith and Metaphor), pone a la Magdalena como el modelo “revisado” para la mujer actual. Por supuesto se trata de “su” Magdalena, repensada según sus deseos.

De todos modos, no se crea que estamos ante gente seria: son gente, en todo caso, con “problemas serios”. Los argumentos que manejan estos escritores tienen un toque de ridiculez, ya que la grosería en que están empapados no admite que los califiquemos de humorísticos. Margaret Starbird, en su libro “La mujer con el frasco de alabastro”, al elaborar sus blasfemas caricaturas del matrimonio entre María Magdalena y Jesucristo dice: “he obrado bajo la suposición de que donde hay humo tiene que haber fuego” (p. XXI; ...el problema es ¿quién hizo el fuego?), por tanto tiene que haber algo de verdad –razona– porque si no fuera así, ¿cómo podría entenderse que películas como Godspell, Jesucristo Superstar y la Última Tentación de Cristo, hablen de una íntima relación entre Jesús y María Magdalena?

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